Ella era tan sencilla y feliz
que todo lo transformaba
ponía ilusión donde no
había nada.
Hacia un mundo especial
cuando los problemas se
multiplicaban.
No necesitaba ni reloj para
ver la hora, porque miraba
a la sierra, y cuando pasaba
la sombra por el ( salto el pollo )
decía: son las seis, ya es la hora.
Venia al pueblo y cambiaba
en la tienda los huevos de sus
gallinas por un poco de café
y azúcar...¡ que mucho le solucionaba!
Y montaba en su burrita
¡ que vieja ya estaba!
con paso lento en silencio llegaba
que le esperaba ir por agua a los
Veinte Pilares.
¡Que fuente tan bonita!
que chorro de agua, como saltábamos
los niños los pilares donde bebían
las vacas y que felicidad nos inundaba
Que columpios nos hacia
para que sus nietos jugaran
entre cante y cante las horas pasaban...
¿Por qué no se detuvo el tiempo?
y aquella felicidad se quedara parada.
Que ejemplo nos dio, para que aceptemos
lo que la vida nos depara.
Con mucho cariño. Maria Ríos Fabero
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